insesto relatos

Mi vecina es una hermosa niña que me cruce un día por accidente, la vigile todos los días hasta que tuve la oportunidad y la viole sin culpa

Con el zoom de la cámara fotográfica resigo los pasos de María, viste un uniforme escolar, falda negra con tirantes y camisa blanca. Se para a hablar con una vecina. Lanzo un par de fotos a su busto, sus pechos son apenas dos incipientes protuberancias, se despide con una sonrisa angelical y se dirige a la puerta de su casa. La fachada del edificio está abierta, puedo ver a que planta se dirige: primera, segunda, tercera, ahí ya no sube más. Sí, falta poco. Puerta B. Por fin. Tercero B. Ya sé donde vive. Llevo una semana obsesionado con la pequeña María, me la crucé viniendo a casa, fue una casualidad. Chocó conmigo al girar la esquina del bloque de pisos, al chocar noté sus pechos. Eran tan suaves, tan blandos, intuí esa sujetador deportivo típico de niñas adolescentes.

Me convertir en la puta de mi hijo, se que no esta bien, pero tiene la polla tan grande que me hace sentir placeres únicos

Había transcurrido casi todo el verano desde que me excedí en sobreproteger a mi hijo. Creía que habíamos dejado lo ocurrido en el limbo de los recuerdos improbables. Pero claro, a principios de septiembre ocurrió algo que me hizo volver a la realidad. Estábamos los tres en casa, con mi hermana, su marido y mis sobrinos. Habíamos vuelto de la piscina y nos disponíamos a comer unos pollos asados que habíamos comprado por el camino. Estábamos eufóricos y hambrientos, pero quisimos hacernos una foto de recuerdo antes del festín. Nos juntamos como pudimos e hicimos la foto grupal, que naturalmente salió con la mitad bostezando, movidos o con los ojos cerrados, así que repetimos. En esta segunda ocasión mi hijo Eryk, que me tenía cogida por la cintura, bajó la mano. Noté cómo su mano pasaba de estar en las costillas a bajar hacia el elástico del bikini. A través de la bata de playa, sentí su mano cómo acabó terminando rozando mi culo, volviendo a subir hasta la cintura. La bata me quedó algo subida y me la bajé mientras mantenía estoicamente la cara de foto hasta que pudimos romper filas, y luego miré a mi hijo con un regaño silencioso. No me hacía gracia su atrevimiento, porque indicaba que o no había superado lo sucedido, o que el episodio iba a tener una continuidad en el tiempo. Después de la comida, vino la sobremesa y el sopor de la tarde. Yo ya tenía la mosca detrás de la oreja con Eryk y el caso es que el chico no salía del baño. Como tenemos dos, no había problema por los invitados, pero es que él no salía. Y él va a sus necesidades por las mañanas antes del café, como un reloj. Así que algo estaba haciendo, y me hubiese jugado el brazo a que tenía que ver con su pene. Yo estaba en el sofá, con mi hermana Edithsa a un lado y mi cuñado al otro, ambos emitían leves ronquidos, y yo con mi hijo contínuamente en la cabeza. Me incomodaba que se estuviese pajeando con nuestro invitados aquí, con los niños correteando. Luego supuse que al menos habría echado el pestillo. Mientras veía la televisión, pensaba en que quizás Eryk había tenido un verano confuso, con los tira y afloja con María, los exámenes finales, y que quizás yo me había pasado un poco. Me vino otra vez la fuerza protectora. Si estaba haciendo lo yo que creía que estaba haciendo, sin esperar a tener un poco de intimidad, es que estaba pasando una mala época, posiblemente por mi culpa. Y si no era así, era yo la que estaba teniendo un berrinche por nada. Así que decidí ver qué pasaba. El pestillo del baño se puede abrir por fuera con un alfiler, así que con decisión, metí el alambre, sonó la liberación del pestillo, abrí, entré y cerré. Allí estaba, masturbándose frente al lavabo. — ¡Mamá! — Perdona, hijo —esto me sonaba, pero ahora había mucho enojo en mí—. ¡No me lo puedo creer! ¡Ahí al lado está Edith con los niños! ¡Tu padre! ¡Ramón! ¿A qué estás jugando? Eryk mantuvo la mirada hacia abajo. Con la polla aún en la mano. Mi primer pensamiento fue echar otra vez el pestillo, por si entraba alguien y lo pillaba así. — Pero yo puse el pestillo… Me acerqué a la puerta y la aseguré, pero al darme la vuelta él movía la mano muy lentamente. Se estaba masturbando delante de mí, como si fuera un mono. Con la mirada gacha, no me miraba a los ojos, porque si lo llega a hacer le arranco las orejas. — Al menos podrías esperar a la noche, en tu cuarto —se siguió tocando lentamente. Quedó claro que estaba decidido a llegar hasta el final, y que estaba esperando que le dejase en paz—. ¡Joder, Eryk, estoy aquí, podrías parar! —pero no paró. Yo me quedé mirándolo con los brazos en cruz. Vaya situación más ridícula. La verga se le empezó a hinchar, su mano la recorría sin llegar al glande, tomándose su tiempo. Me impacienté. — Pues no te quedes aquí toda la tarde, ¡termina! —me quedé plantada, sabiendo lo antisexual que es tener a tu madre delante mientras te masturbas. Pero él siguió con la paja, mirando lascivamente mi cuerpo. ¡Joder, si antes por poco me coje el culo a placer! ¡Qué tonta había sido! Y ahora miraba mi boca, pero se volvió a avergonzar. — Perdona mamá, pero llevo así todo el día, necesito centrarme, necesito terminar… —me conmovió— sal, acabo enseguida, no volverá a ocurrir. — No puedes volver a hacer esto, cariño —le acaricié la mejilla—. Hay cosas que hay que dejar en la intimidad… —pero Eryk ya no escuchaba mi voz. Cogió mi mano e intentó llevarla a la polla, me aparté—. ¡Me voy! — No, mamá, por favor, no te vayas —me dirigí a la puerta—. Por favor… Me daba mucha lástima y me sentía culpable, así que me di la vuelta, sin un plan. El seguía con la masturbación, mirándome los pechos ahora. Se me vino a la cabeza las veces que este verano le había pedido a mi marido que me pellizcara los pezones, que tirara de ellos mientras me tragaba su polla, mientras me montaba. Y todo porque se me mojaba el chocho cada vez que me acordaba de cuando mi Eryk me tocó. La última vez que me corrí así fue hace dos noches, yo estaba sentada sobre mi marido, con la polla recién descargada dentro de mi vagina y me estuve frotando el clítoris como una loca mientra me apretaba un pezón con una mano y el otro estaba entre los dientes de Juan. En cuando imaginé que el semen que sentía dentro no era de mi marido, sino de nuestro hijo, me corrí como nunca, mojando el vientre de Juan. Luego llevé el coño a su boca y… en fin, si yo tenía sueños húmedos con mi hijo, tenía que aceptar que él los tuviese conmigo. Pero no me gustaba aquello. Seguía mirándolo con los brazos cruzados. El me miraba ahora abajo, hacia mis piernas. Pero lo único que podía ver eran mis rodillas, que era lo que mostraba mi bata. Yo me impacientaba, pues si alguien nos veía salir podían hacer preguntas incómodas. — Sólo un poco —me dijo, mirando mis rodillas. Me volví a enfadar otra vez, pero el recuerdo del polvo con mi marido me hizo ser comprensiva. Me subí el vestido hasta los muslos. El empezó a masturbarse con más rapidez, los ojos se le iban a salir. A mí, el roce del vestido al subir, y sentirme tan deseada me estaba haciendo humedecer el bikini—. ¡Gracias, mamá! Tenía que animarlo para acabar lo antes posible. Por mi parte, mi apetito lo podía satisfacer con Juan esa misma noche. Acerqué a mi hijo y lo puse de rodillas, para que su cara estuviese a un palmo de mi coño. Creo que incluso Eryk podía olerlo. Dejé que me mirara a placer. Yo también me miraba sosteniendo la falda por los laterales y me estaba poniendo más cachonda aún, mirando mis piernas y pensando en que Eryk eyaculara sobre ellas. Me subí más el vestido y se quedó con la mirada fija en el bikini pegado a mi coño. Creo que también estaba algo mojado. Fui a decirle algo subido de tono, pero me fijé que la mano masturbadora tenía algo, como un trozo de tela que era con lo que se frotaba. Lo paré y le abrí el puño, mostrando unas braguitas mías. ¡Las había puesto en el saco de la ropa sucia hacía dos días! Se estaba pajeando con mis braguitas sucias. — ¿Y esto? ¿Me estás acosando? — No, no, no. — ¿Pero cómo eres capaz de revolver en mis cosas? —mientras hablaba, más pena me daba mi hijo. Tendría que haberme dado cuenta antes… igual no lo conocía tan bien. — ¡No, no! Estaba ahí, en el cesto. Yo no tocaría tus cosas —a mí, en cambio, me puso cachonda pensar en él tocando mis juguetes. — ¡Pero es que está sucia! —le quité las braguitas y me la llevé a la nariz. Olía a orín, a flujo, a culo y a ropa sucia— ¡Cómo se te ocurre! Oler mi culo también causó que me excitara un poco más. La otra noche, Juan, después de abrirme el culo, me pasó la polla por la boca y ese olor hizo que me pusiese como un animal en celo, y ahora volvía a sentir lo mismo. Pero no podía consentir que mi hijo se expusiese a algún tipo de infección en el pene. Tiré las braguitas al saco de la ropa sucia y me quité la parte de abajo del bikini. Lo olí, recibiendo el
aroma de mi coño mezclado con el cloro de la piscina. Se lo puse a Eryk en la nariz. — Esto sí huele a coño y está limpio. Se lo puse en la mano y se la llevé otra vez a la verga, que estaba muy hinchada. Empezó a masturbarse. Yo me volví a levantar la falda y dejé que se pajeara mirando mi coño depilado. Se me ocurrió animarlo más, para que acabara pronto. Le agarré del pelo e hice que me mirara y le hablé en voz baja. — ¿Quieres correrte sobre mí, echar tu leche sobre mí? — Sí, mamá. — Hazlo, cariño, córrete sobre mamá —él estaba en éxtasis, seguramente llevaba tiempo deseando oírme hablar así—. Mamá vuelve a ser tu puta… tu puta secreta… —qué ganas tenía de tocarme yo también— mírame el coño, mi amor. Mírame las piernas —puso una mano sobre mi muslo, pero se la aparté—, no me puedes tocar, cariño, no te he dado permiso. ¿De verdad quieres tocarme, mi vida? — Sí, sí —me di la vuelta, levantando el culo, lo puse en pompa, abriéndolo para que viese mi vagina y mi ano. — No me puedes tocar. Hoy no, pero puedes eyacular sobre mí. Mami está hoy muy puta, amor, y quiere tu leche sobre ella. Pero Eryk no se corría y empecé a pensar que lo hacía a propósito. Me puse frente a él y le cogí las bragas del bikini y usándolas como un guante, empecé a masturbarlo, pero con un ritmo más alegre de lo que estaba haciendo él. — Al final has hecho que tu putita te coja la verga… —recorrer su buena polla con el bikini entre los dedos no era tan mala idea, iba muy suave— era esto lo que querías ¿no? —yo hablaba sin esperar a que él respondiese, yo sólo miraba su polla— parece que hoy ya te has pajeado, está muy gordota pero no quiere escupirme. ¿Es eso? ¿Ya te habías tocado? ¿dónde, en la piscina? hoy no había mucha gente, ¿qué ha pasado hoy? — Habían dos chicas… — Las suecas esas… sí, una tenía unos pechos enormes… —empecé con mis historias mientras lo masturbaba— una vez una amiga me enseñó sus tetas, eran más grandes que las de la sueca, eran ubres. Me dejó jugar con ellas, de broma. Intentaba abarcar una de ellas con las dos manos, no podía, luego la otra. La sostenía, pero se me escapaban y caían. Cuando vi que mi amiga se empezaba a poner colorada, dejé de jugar y me llevé el enorme pezón a la boca… — También vi a Ramón con la polla bien gorda mientras os miraba a ti y a las suecas, a la entrada del vestuario. Se estaba tocando —eso no me lo esperaba. — ¿No estaría mirando a Edith? — No, os miraba a las tres. Me puso muy cachondo pensar que papá y Ramón te follaban uno detrás de otro, o a la vez. — ¡Pero no me tiro a tu tío! — Me lo supongo, pero yo cogí un gran calentón, mamá. Me masturbé allí. Mirándote, bueno a ti y a las mujeres que había allí. — ¿Te tocaste así? —la polla estaba muy dura, y empecé a usar las dos manos—. ¿Y no te quedaste tranquilo? — Sí, pero luego ahí, entre vosotras… y pensando en la paja que me había hecho casi en público… me volví a excitar… mis amigos te miran mucho, mamá. Luego, cuando llegamos a casa y te pegaste a mí para la foto, no pude evitar tocarte, para sentir que nuestro secreto fue real. La polla me estaba volviendo loco y necesitaba descargar otra vez. Había dejado de masturbarlo. El pobre estaba muy salido, las hormonas no le dejaban pensar con claridad. Le di un beso en la mejilla. Me puse de rodillas frente a él y me llevé el bikini a la nariz. Esta vez olía a polla y coño. Busqué la zona más mojada de la tela y la lamí. Luego pasé la lengua por los dedos y empecé a masturbarlo con las manos desnudas y con más rapidez. No quería que se sintiera culpable por lo que sentía, así que tenía que hacerle ver que su deseo provenía de la lascivia su madre. Al fin y al cabo, yo inicié este problema. — Mami quiere oírte decir que es tu puta, cariño. — Eres mi puta, mamá. — Sí, cariño, lo soy. Por eso me gusta tanto tener tu polla entre mis manos… —intentó acercar la verga a mi boca, pero no le dejé. A cambio le conté una de mis historias— una vez Edith me dejó un vestido suyo de cuando tenía algo más peso. Me quedaba como un guante, y a cambio de hacerme los pechos más bonitos, resaltaba mucho mi culo. Me costaba mucho andar con él, pero me lo puse ese mismo día y nos fuimos los cuatro de copas. Edith y tu padre se fueron a bailar y me fui con Ramón a dar una vuelta por el jardín de la discoteca. Me habló del vestido. Me dijo que le había hecho el amor muchas veces a Edith con el vestido puesto, en otras palabras, que se le ponía dura en cuanto veía a Edith embutida en él —a la polla de mi hijo también le gustaba el relato—. Que me veía a mí puesto con él y que aún me sentaba mejor que a mi hermana. Que si la suerte que tenía Juan… — Es que estás muy buena, mamá —ya empezaba a jadear mi chico. — Me habló de un botón que estaba disimulado en el vestido y que yo creía que era de adorno. Estaba en la axila y dejé que lo desabrochara. Mi pecho salió por él. No llevaba sujetador, porque el vestido no lo necesitaba. Nos reímos. Pero colocarlo otra vez era más complicado, así que sólo pudimos hacerlo con Ramón sujetándome una teta y yo abrochando el botón. Tras un silencio, Ramón desabrochó otro botón que estaba al otro lado. Salió el otro pecho, y yo me quedé quieta, me había gustado antes cuando me tocó el pecho —la polla de mi Vicentito ya estaba a punto de regalarme su leche—, y esperé a que tu tío volviera a quitar el primer botón. Me estuvo sobando los pechos y me comió los pezones. ¿Te hubiese gustado ver cómo otro hombre le come las tetas a mamá? — Sí, sí, sí. — Me hubiera gustado que lo vieras, amor. Y que tú también me las hubieras comido. Yo me puse muy cachonda y me remangué el vestido, ofreciéndole mi trasero al tito, y me la metió bien dentro. — ¿Te la metió por el culo? —a mi niño le daba igual si la historia era real o inventada, tal era el calentón que tenía y que yo me estaba encargando de apagarlo. — Me la metió por el coño, amor mío. Me embestía muy duro, tenía la polla tan dura como la que tienes ahora, como la que tengo en mis manos. Las pollas tan grandes como las vuestras me vuelven muy puta, no puedo evitarlo. Casi me faltaba el aire del goce que tenía y él estaba como un toro cegado por el vestido —la polla de mi Vicentico estaba a puntito de caramelo—. En realidad, cuando le ofrecí mi trasero, tenía cierta fantasía de que me la metiera por el culo, en el jardín, a expensas de que nos viera alguien. Me puse de pie y me di la vuelta, subiendo la bata. Coloqué la polla de Eryk entre los glúteos, de forma que el rabo quedase a la altura de mi ano. — Córrete, amor mío. Córrete sobre mí. Déjame sentir el semen en mi culo. Eryk se empezó a masturbar con mi culo. El glande pasaba por el ojete de forma frenética. Algunas veces se quedaba enganchado, pero volvía al frotamiento. A pesar de la estimulación que estaba recibiendo en el ano, estaba sufriendo por si intentaba metérmela por alguno de mis agujeros, pues se la iba a sacar inmediatamente con malos modos. Sentí su leche por mi espalda y mi culo. Sin darme la vuelta, le cogí la verga y la puse entre mis muslos, a la altura del coño y dejé que se moviese como si me estuviese follando, dejando que terminase de descargar y, de camino,haciendo que su glande me frotase el clítoris. — Dámelo cariño, dáselo a mamá… tengo tu leche cayéndome por el culo, amor. Esperé a que terminara. Luego cogí una toalla que humedecí y le limpié bien la verga. Después me limpió él a mí. — Esto no puede ser, amor —le dije. — Pero me da el calentón… —le costó seguir— y luego tú te vuelves tan… tan… puta… Se me erizaron los pezones otra vez. — Pero comprendes que esto no puede volver a ocurrir, ¿verdad? — Sí, mamá. Salimos, y el resto de la jornada transcurrió tal cual. Pero me dejó con la preocupación de haber iniciado algo que el pobre no era capaz de gestionar, y también me sentía culpab
le con Juan. Si se enteraba, no iba a poder hacerle ver que todo era por Eryk.

Lo que más me gusta de mi novia, son sus mamadas que hace con mucho fervor y de manera descontrolada como adicta a mi polla

Cuando ya sentía que me iba a venir se lo avisé, que se preparara.  Ella asintió que sí con su cabeza mamando y entonces me vine en su boca.  Ella se tragó toda la leche. Cuando se incorporó en su asiento me dijo que cuando se bajara de mi carro para montarse al de ella la iban a aplaudir.  Lo mejor que me pudo decir para demostrar lo puta y bellaca que puede ser una mujer madura. Esta historia es para ustedes maridos bellacos que quieren averiguar como los demás se lo hacemos a nuestras mujeres, deseando secretamente que otro hombre se lo haga a la suya. Aquí te cuento la vez que mejor le mamé el culo  a mi novia.

Gracias a una amiga de ella, puede hacerlo con una mujer embarazada que me había llamado y mucho la atención

Creo que ella me debió estar viendo la de veces que intenté entrarles a las tías que estaban a mí alrededor en la playa. Comencé por una portuguesa con la que no me entendía a pesar que ambos lo intentamos. Seguí con una alemana, llegó su marido, él no estaba por colaborar. Después una que me dijo que no en cuanto me vio acercarme. Sin duda debió ver mis acercamientos previos y ya desde la distancia me avisó.

SEXO CON CON MI EX

Una vez mi novio me recogió y fuimos hasta la casa de una hermana de el, ese día no había nadie en la casa y el tenia las llaves, la casa era de 3 pisos entonces entramos en la casa el me la mostro muy bonita por cierto, y como estábamos solos, nos fuimos al cuarto del sobrino que era un niño como de 8 años, entonces nos dimos muchos besos y se fue calentando el ambiente.

Me gusta que el hombre sea mas grande que una mujer, por eso siempre busco estar con maduros. Hoy les cuento mi historia con Ulises, mi mejor amante

Hola a todos, despues de mucho tiempo sin publicar relatos aqui estoy de regreso con una de las tantas historias que me han sucedido todos estos años… Ahora soy una mujer de 29 años, madre soltera de una hija hermosa de 2 años y que es mi razon de ser…. despues de este breve saludo, comienza la historia que tuve al conocer a Ulises…

Después de haber tenido mi primera vez con mi primo, comencé a explorar, a buscar otros hombres y cuáles eran las cosas que me gustaban

Hoy confieso como desde aquella primera vez mi curiosidad fue aumentando hasta tal punto que buscaba momentos para que pasaran ciertas cosas; con solo ochos años ya mi curiosidad sobrepasaba el límite de lo que se consideraría normal, habían ciertos chicos que me llamaban la atención un poco mayores que yo, en especial un chico que vivía frente de mi casa . A mí siempre me han gustado los juegos y mas lo que son populares de mi país, acá en VENEZUELA se juega mucho al escondido donde un grupo se esconde en diversos lugares mientras el líder cuenta hasta cierta cantidad de numero para luego buscar a cada integrante hasta encontrarlos a todos, cabe destacar que a mí me gustaba jugar de noche en la oscuridad más difícil de ver algo o encontrar en ese caso. La primera vez que paso algo estaba el chico que me gustaba casualidad que nos escondimos en el mismo lugar detrás de unos arbustos no muy altos pero si frondosos de tal manera que quedamos de pie esperando el si mediar palabras aprovecho para pegarse hacia mi estando el detrás yo no le dije nada, poco después comencé a notar como su pene tomaba forma y eso me gusto él a ver que yo no decía nada siguió hasta presionar fuerte entre mi glúteos su glande y como yo tenía pantalón corto podía sentirlo muy bien. Aprovecho y me tomo de la cintura y comenzó a acariciarme desde mi cintura hacia abajo en ese momento sentimos que venía alguien yo salí corriendo, ese día no jugué mas pero lo días siguientes aprovechábamos y jugábamos todos los días siempre comenzaba igual al escondernos juntos el frotaba en mi su pene hasta que pocos días después me dice al oído que se lo toque yo le decía que no aunque en el fondo si quería al final cedí y se lo toque con mi dedos acariciaba suavemente su pene era delicioso sentir ese roce de piel.

Guía práctica para que aprendas a comerte un coño

Corrían mis tiempos de Universidad, cuando un texto de los de antes, un txt pasó por mi ordenador. Uno de disquetera de 3.5 pulgadas, de esas que probablemente sólo has visto en fotos. En él se hablaba de cómo comerse un coño y aparentemente estaba escrito por una fémina, porque hablaba de lo que gusta o no gusta a las mujeres.

Me vuelvo puta cuando veo a mi profesor

Hola a todos, para los que no me conocen me presento, soy Laura, tengo 20 años y vivo en la ciudad de Bogotá. Para empezar a describirme diré que mi mayor atributo sin lugar a duda son mis nalgas ya que gracias a genética y ejercicio de vez en cuando, tengo un par de nalgas bien paraditas y con gran volumen de tal forma que con cualquier tipo de pantalón siempre logran sobresalir, soy delgada y debido a esto no tengo un gran busto pero siempre lo logro hacer resaltar.

Siempre tuve la fantasía de hacerlo con un hombre de color, la pude cumplir con mi vecino que tiene 12 años más que yo

Buenas, me llamo Andrea, tengo 21, os voy a contar una historia que surgió con mi vecino negro. Siempre he tenido la fantasía de hacérmelo con un hombre de color, al ser posible con gran pene. El tiene unos 33 años, esta casado con una mujer enfermera que tiene mas o menos su misma edad. Se mudaron hace unos cinco meses al piso de abajo. El es alto, tiene un buen cuerpo, algo marcado. Durante estos meses yo la había hecho ojitos y me insinuaba ligeramente porque casi siempre estaba con su mujer. Aunque si es verdad que las pocas veces que estábamos solos me insinuaba un poco mas, acercándome mas a el, acariciando sus brazos mientras le decía que estaba fuerte e, incluso, rozándole ligeramente el paquete. El, lejos de echarse atrás, me seguía el rollo, mientras yo le acariciaba los brazos, el posaba sutilmente sus manos, que a pesar de ser grandes, las situaba sutilmente sobre mi espalda, cadera, e incluso llegando a bajar ligeramente a mi culo. Era muy delicado y eso me ponía mas.

Una desconocida fue la persona que me salvó literalmente

Me llamo Elísabeth y soy una madre soltera de 24 años, con una niña maravillosa de 5. No me gusta hablar del padre de mi hija porque es una parte de mi vida que no quiero recordar, me resulta muy doloroso hacerlo. Lo importante de esa relación es que ya forma parte del pasado y que el resultado de ella (mi hija Susana) a pesar de las dificultades que me ha hecho pasar tener que criarla yo sola, es lo mejor que me ha pasado en la vida y no me arrepiento de nada.

Una desconocida me termina dominando y me fascina la sensación que me genera

Acabo de empezar en una empresa como programador. Como he empezado hace poco me dan las tareas más rutinarias y el peor horario por lo que tengo mucho tiempo libre que suelo utilizar viendo videos y leyendo relatos de dominación femenina. Es mi secreto que solo puedo ver aquí. Para que no me puedan ver utilizo mi móvil no el internet de la empresa, Solo la semana pasada que no tenía datos leí elatos, ¿Quién iba a darse cuenta en una empresa de 300 personas?

Una pareja inicia sus primeros pasos en un nuevo mundo, es la primera vez que intercambian parejas algo que habían dicho nunca harían

Me llamo Daniel y puedo deciros que a mis 18 años la verdad es que no podía pedir más. Estaba estudiando, vivía cómodamente con María, mi madre, con la que tenía una relación maravillosa. Además de madre e hijo, éramos amigos y sinceramente podía hablar con ella de todo con total honestidad. Eso me había ayudado en todos los sentidos hasta el punto de follar antes que ningún chico. A muy corta edad, cuando empecé a desarrollarme, gracias a mi madre ya sabía mucho de las mujeres y lo mejor era que aprendía también como tratarlas. Sabía lo que era masturbarse y lo que era discreción. Creo que a todos los chicos nos deberían hablar así de claro porque facilita mucho las cosas. Había una chica, que era un monumento, con la que llevaba cerca de dos años. Formábamos una pareja ideal ya que ambos éramos guapos, simpáticos y buenos estudiantes. Sólo había un problema que después entenderéis y es que a ambos nos encantaba el sexo. Habíamos probado de todo en cada ocasión que teníamos. Todo marchaba bien hasta que un día le conté una experiencia reciente que un intimo amigo había tenido sobre intercambios de pareja. En Madrid, ciudad donde vivimos, había varios sitios de intercambios y mi amigo había visitado uno con su novia. Después de comentarme con todo detalle como había transcurrido su aventura, tal cual se la empecé a contar a mi novia. Al poco de estar hablándole mi polla estaba ya totalmente erecta y ella también se estaba calentando. Fue así como me lo dijo… Menuda calentura estoy pillando. Le dije que yo estaba igual y sin poder aguantarnos ella empezó a comerme la polla como no lo había hecho nunca antes. Empezó a metérsela cada vez más adentro hasta el punto de que le empezaban a dar arcadas. Cada vez la mantenía más adentro y más tiempo. Las lágrimas le corrían por la cara como seguro que también, conociéndola como la conozco, más abajo le corría otra cosa por las piernas. Estábamos en mi casa y teníamos poco tiempo dado que mi madre llegaría en breve del trabajo. Así se lo dije pero un poco para nada porque con el calentón que teníamos nos íbamos a arriesgar. Ya que iba tan fuerte la cogí del pelo, la levante, y manteniéndola de pie de espaldas a mi tumbé su pecho sobre la mesa del comedor. Le levanté la falda, le abrí sus piernas, y echándole a un lado sus diminutas bragas empecé a follar tan fuerte como podía. Ella buscó una de mis manos y la volvió a llevar a su pelo. No había más que decir. La agarré del pelo y la sala se llenó de sus gemidos y los míos. En menos de un minuto su corrida fue una pasada y seguida a la suya llegó la mía llenándole todo el coño de leche. Nos recompusimos un poco, entramos al baño y abrimos ventanas para ventilar un poco. Apenas habíamos abierto cuando llegó mi madre. La saludamos un poco rojos aún e inmediatamente nos fuimos.