colegio xxx

Una linda navidad con mi novia, yo con la verga dura y el bañador mojado mientras que mi novia me espera en la habitación esperando que le demuestre lo macho que soy

Imaginaos la situación, empalmado y con el bañador mojado por la excitación y mi novia esperando en la habitación para que le demuestre lo que soy, toda mi estrategia se había ido a tomar por el culo, sabía que en cuanto me tocará me correría, decidí darme un baño de agua fría rápido, necesitaba calmarme para conseguir mi propósito.

Se que no es lo correcto, pero fue la mejor noche de mi vida. Tener sexo con mi hija e hijo al mismo tiempo fue estupendo

Tenía tiempo de tener un momento a solas con mis dos hijos. O bueno, quizá si lo tenía pero no muy íntimo. Este relato habla sobre eso. Sobre ese afortunado y excitante momento con ellos. Mi nombre es Isabel. Soy una mujer de 44 años, piel blanca, complexión delgada, trasero no muy grande pero gracias al ejercicio lo tengo parado. Tengo pechos firmes y afortunadamente se me notan un poco las curvas. Mi chica se llama Carolina. Es una chica de 19 años, delgada, piel blanca, pechos medianos y trasero paradito. No es fea. Siendo su madre la voy a considerar hermosa, pero se que por otro lado muchos dirán que también lo es. Igual no tengo la menor duda de que muchos hombres pervertidos han de pensar demasiadas cosas repugnantes cuando la ven. Y Jorge. Él es un chico de 20 años. Muy vivo, alegre, no es feo, y tiene un cuerpo atlético sin exagerar. Al menos tiene los brazos y el abdomen algo marcados. Y si, es muy pervertido. Y me encanta eso de él.

Laura y Rosa siguen en caída libre, cada vez corren un mayor riesgo y es que el morbo aumenta. Están averiguando si vale o no la pena

…Desperté poco a poco y me costó adaptar la vista a la habitación. Sentía frío en el cuerpo a pesar del mes en que estábamos. El aire acondicionado se dejaba notar en la habitación. Recogí mis bragas gateando sobre la moqueta de la habitación y busqué mi sujetador, con la mirada, hasta encontrarlo. Los recogí y echando una mirada hacia la cama me cercioré de que mi cuñada y Mario continuaban dormidos. Me encerré en el baño y me puse rápidamente mi ropa interior.

Con mi hermana siempre fuimos muy unidas, las vacaciones en el pueblo que pasamos con nuestros maridos, la verdad me dejó muy satisfecha sexualmente

Me presentare diciendo que soy una mujer de 45 años, no puedo decir que tenga un cuerpo de diez, pero tengo unas buenas tetas talla 100, mi culo lo tengo bastante firme mis horas de gimnasio me ha costado. Como esta historia nos paso a mí y a mi hermana les diré que mi hermana es cinco años menor que yo y su cuerpo es semblante al mío, quizás un poco menos de pecho pero más firme, su culo es mas redondito que el mío, siempre me he llevado muy bien con ella, nuestros maridos crearon una agencia de viajes junto a un tercer socio, con lo cual mas unidos no podemos estar, tienen 50 y 45 años respectivamente.

Os quiero contar la experiencia que tuve con una amiga de mi novia. Dejo A Mi Novia En Su Casa Y Me Follo A Su Amiga

Os quiero contar la experiencia que tuve con una amiga de mi novia. Por esa época trabajaba de asistente de tienda y muchas noches mi novia Selena venía con sus amigas, de las cuales la que más me llamaba la atención era Erika, ella mide un 1,80 m, tiene un talla 90 de pecho delgada y con una carita de ángel llena de pecas y sobre todo una melena rizada y morena, ella y yo siempre nos hacíamos bromas sobre el sexo, a Selena no le importaba ya que Erika era una de sus mejores amigas y le gustaba que nos llevábamos tan bien.

Tuve un acercamiento sexual con mi hijo en el baño de la casa, lo acaricie como nunca antes y me estremecí

Soy una mujer de 42 años, divorciada, Argentina, con estudios universitarios, aunque no ejerzo actualmente mi actividad profesional de socióloga pues no paso apuros económicos y prefiero dedicarme a mi hogar y a actividades sociales. Me casé muy joven con un hombre bastante mayor que yo, que me prometió una vida llena de placeres que no se concretaron. A los 19 años quedé embarazada sin que lo deseara mi marido. A los 21 era mamá de un niño y una niña. De allí basta. Eso fue suficiente para que mi marido perdiera interés en mi como mujer, yéndose raudamente tras la cola meneante de una adolescente que supo darle la frescura de su cuerpo, sin llantos ni pañales sucios que hallaba en nuestro hogar.

Me compre muchos nuevos juguetes, tenia muchas ganas de hacer algo diferente, querían sentir placeres únicos

No pesaba más de 45 kilos y medía 1m. 60cm. Era rubia y sus ojos los tenía de color verde esmeralda. Sus tetas eran grandes, su cintura fina, su culo respingón y sus labios carnosos. Era la joven más hermosa y más deseada de su ciudad. Pero Jennifer no tenía ojos más que para su padre. A los siete años los había abandonado su madre y, Arturo, su padre, tuviera que hacer de padre y de madre. Él estuvo para comprarle las compresas en su primera menstruación. Él le partió la cara a un muchacho que se quisiera propasar con ella… Él le compraba todo lo que le pidiera… el BMW, Joyas, le daba dinero para comprar las mejores ropas. Jennifer era el ojito derecho de su padre, y él, él era su héroe.

Me convertir en la puta de mi hijo, se que no esta bien, pero tiene la polla tan grande que me hace sentir placeres únicos

Había transcurrido casi todo el verano desde que me excedí en sobreproteger a mi hijo. Creía que habíamos dejado lo ocurrido en el limbo de los recuerdos improbables. Pero claro, a principios de septiembre ocurrió algo que me hizo volver a la realidad. Estábamos los tres en casa, con mi hermana, su marido y mis sobrinos. Habíamos vuelto de la piscina y nos disponíamos a comer unos pollos asados que habíamos comprado por el camino. Estábamos eufóricos y hambrientos, pero quisimos hacernos una foto de recuerdo antes del festín. Nos juntamos como pudimos e hicimos la foto grupal, que naturalmente salió con la mitad bostezando, movidos o con los ojos cerrados, así que repetimos. En esta segunda ocasión mi hijo Eryk, que me tenía cogida por la cintura, bajó la mano. Noté cómo su mano pasaba de estar en las costillas a bajar hacia el elástico del bikini. A través de la bata de playa, sentí su mano cómo acabó terminando rozando mi culo, volviendo a subir hasta la cintura. La bata me quedó algo subida y me la bajé mientras mantenía estoicamente la cara de foto hasta que pudimos romper filas, y luego miré a mi hijo con un regaño silencioso. No me hacía gracia su atrevimiento, porque indicaba que o no había superado lo sucedido, o que el episodio iba a tener una continuidad en el tiempo. Después de la comida, vino la sobremesa y el sopor de la tarde. Yo ya tenía la mosca detrás de la oreja con Eryk y el caso es que el chico no salía del baño. Como tenemos dos, no había problema por los invitados, pero es que él no salía. Y él va a sus necesidades por las mañanas antes del café, como un reloj. Así que algo estaba haciendo, y me hubiese jugado el brazo a que tenía que ver con su pene. Yo estaba en el sofá, con mi hermana Edithsa a un lado y mi cuñado al otro, ambos emitían leves ronquidos, y yo con mi hijo contínuamente en la cabeza. Me incomodaba que se estuviese pajeando con nuestro invitados aquí, con los niños correteando. Luego supuse que al menos habría echado el pestillo. Mientras veía la televisión, pensaba en que quizás Eryk había tenido un verano confuso, con los tira y afloja con María, los exámenes finales, y que quizás yo me había pasado un poco. Me vino otra vez la fuerza protectora. Si estaba haciendo lo yo que creía que estaba haciendo, sin esperar a tener un poco de intimidad, es que estaba pasando una mala época, posiblemente por mi culpa. Y si no era así, era yo la que estaba teniendo un berrinche por nada. Así que decidí ver qué pasaba. El pestillo del baño se puede abrir por fuera con un alfiler, así que con decisión, metí el alambre, sonó la liberación del pestillo, abrí, entré y cerré. Allí estaba, masturbándose frente al lavabo. — ¡Mamá! — Perdona, hijo —esto me sonaba, pero ahora había mucho enojo en mí—. ¡No me lo puedo creer! ¡Ahí al lado está Edith con los niños! ¡Tu padre! ¡Ramón! ¿A qué estás jugando? Eryk mantuvo la mirada hacia abajo. Con la polla aún en la mano. Mi primer pensamiento fue echar otra vez el pestillo, por si entraba alguien y lo pillaba así. — Pero yo puse el pestillo… Me acerqué a la puerta y la aseguré, pero al darme la vuelta él movía la mano muy lentamente. Se estaba masturbando delante de mí, como si fuera un mono. Con la mirada gacha, no me miraba a los ojos, porque si lo llega a hacer le arranco las orejas. — Al menos podrías esperar a la noche, en tu cuarto —se siguió tocando lentamente. Quedó claro que estaba decidido a llegar hasta el final, y que estaba esperando que le dejase en paz—. ¡Joder, Eryk, estoy aquí, podrías parar! —pero no paró. Yo me quedé mirándolo con los brazos en cruz. Vaya situación más ridícula. La verga se le empezó a hinchar, su mano la recorría sin llegar al glande, tomándose su tiempo. Me impacienté. — Pues no te quedes aquí toda la tarde, ¡termina! —me quedé plantada, sabiendo lo antisexual que es tener a tu madre delante mientras te masturbas. Pero él siguió con la paja, mirando lascivamente mi cuerpo. ¡Joder, si antes por poco me coje el culo a placer! ¡Qué tonta había sido! Y ahora miraba mi boca, pero se volvió a avergonzar. — Perdona mamá, pero llevo así todo el día, necesito centrarme, necesito terminar… —me conmovió— sal, acabo enseguida, no volverá a ocurrir. — No puedes volver a hacer esto, cariño —le acaricié la mejilla—. Hay cosas que hay que dejar en la intimidad… —pero Eryk ya no escuchaba mi voz. Cogió mi mano e intentó llevarla a la polla, me aparté—. ¡Me voy! — No, mamá, por favor, no te vayas —me dirigí a la puerta—. Por favor… Me daba mucha lástima y me sentía culpable, así que me di la vuelta, sin un plan. El seguía con la masturbación, mirándome los pechos ahora. Se me vino a la cabeza las veces que este verano le había pedido a mi marido que me pellizcara los pezones, que tirara de ellos mientras me tragaba su polla, mientras me montaba. Y todo porque se me mojaba el chocho cada vez que me acordaba de cuando mi Eryk me tocó. La última vez que me corrí así fue hace dos noches, yo estaba sentada sobre mi marido, con la polla recién descargada dentro de mi vagina y me estuve frotando el clítoris como una loca mientra me apretaba un pezón con una mano y el otro estaba entre los dientes de Juan. En cuando imaginé que el semen que sentía dentro no era de mi marido, sino de nuestro hijo, me corrí como nunca, mojando el vientre de Juan. Luego llevé el coño a su boca y… en fin, si yo tenía sueños húmedos con mi hijo, tenía que aceptar que él los tuviese conmigo. Pero no me gustaba aquello. Seguía mirándolo con los brazos cruzados. El me miraba ahora abajo, hacia mis piernas. Pero lo único que podía ver eran mis rodillas, que era lo que mostraba mi bata. Yo me impacientaba, pues si alguien nos veía salir podían hacer preguntas incómodas. — Sólo un poco —me dijo, mirando mis rodillas. Me volví a enfadar otra vez, pero el recuerdo del polvo con mi marido me hizo ser comprensiva. Me subí el vestido hasta los muslos. El empezó a masturbarse con más rapidez, los ojos se le iban a salir. A mí, el roce del vestido al subir, y sentirme tan deseada me estaba haciendo humedecer el bikini—. ¡Gracias, mamá! Tenía que animarlo para acabar lo antes posible. Por mi parte, mi apetito lo podía satisfacer con Juan esa misma noche. Acerqué a mi hijo y lo puse de rodillas, para que su cara estuviese a un palmo de mi coño. Creo que incluso Eryk podía olerlo. Dejé que me mirara a placer. Yo también me miraba sosteniendo la falda por los laterales y me estaba poniendo más cachonda aún, mirando mis piernas y pensando en que Eryk eyaculara sobre ellas. Me subí más el vestido y se quedó con la mirada fija en el bikini pegado a mi coño. Creo que también estaba algo mojado. Fui a decirle algo subido de tono, pero me fijé que la mano masturbadora tenía algo, como un trozo de tela que era con lo que se frotaba. Lo paré y le abrí el puño, mostrando unas braguitas mías. ¡Las había puesto en el saco de la ropa sucia hacía dos días! Se estaba pajeando con mis braguitas sucias. — ¿Y esto? ¿Me estás acosando? — No, no, no. — ¿Pero cómo eres capaz de revolver en mis cosas? —mientras hablaba, más pena me daba mi hijo. Tendría que haberme dado cuenta antes… igual no lo conocía tan bien. — ¡No, no! Estaba ahí, en el cesto. Yo no tocaría tus cosas —a mí, en cambio, me puso cachonda pensar en él tocando mis juguetes. — ¡Pero es que está sucia! —le quité las braguitas y me la llevé a la nariz. Olía a orín, a flujo, a culo y a ropa sucia— ¡Cómo se te ocurre! Oler mi culo también causó que me excitara un poco más. La otra noche, Juan, después de abrirme el culo, me pasó la polla por la boca y ese olor hizo que me pusiese como un animal en celo, y ahora volvía a sentir lo mismo. Pero no podía consentir que mi hijo se expusiese a algún tipo de infección en el pene. Tiré las braguitas al saco de la ropa sucia y me quité la parte de abajo del bikini. Lo olí, recibiendo el
aroma de mi coño mezclado con el cloro de la piscina. Se lo puse a Eryk en la nariz. — Esto sí huele a coño y está limpio. Se lo puse en la mano y se la llevé otra vez a la verga, que estaba muy hinchada. Empezó a masturbarse. Yo me volví a levantar la falda y dejé que se pajeara mirando mi coño depilado. Se me ocurrió animarlo más, para que acabara pronto. Le agarré del pelo e hice que me mirara y le hablé en voz baja. — ¿Quieres correrte sobre mí, echar tu leche sobre mí? — Sí, mamá. — Hazlo, cariño, córrete sobre mamá —él estaba en éxtasis, seguramente llevaba tiempo deseando oírme hablar así—. Mamá vuelve a ser tu puta… tu puta secreta… —qué ganas tenía de tocarme yo también— mírame el coño, mi amor. Mírame las piernas —puso una mano sobre mi muslo, pero se la aparté—, no me puedes tocar, cariño, no te he dado permiso. ¿De verdad quieres tocarme, mi vida? — Sí, sí —me di la vuelta, levantando el culo, lo puse en pompa, abriéndolo para que viese mi vagina y mi ano. — No me puedes tocar. Hoy no, pero puedes eyacular sobre mí. Mami está hoy muy puta, amor, y quiere tu leche sobre ella. Pero Eryk no se corría y empecé a pensar que lo hacía a propósito. Me puse frente a él y le cogí las bragas del bikini y usándolas como un guante, empecé a masturbarlo, pero con un ritmo más alegre de lo que estaba haciendo él. — Al final has hecho que tu putita te coja la verga… —recorrer su buena polla con el bikini entre los dedos no era tan mala idea, iba muy suave— era esto lo que querías ¿no? —yo hablaba sin esperar a que él respondiese, yo sólo miraba su polla— parece que hoy ya te has pajeado, está muy gordota pero no quiere escupirme. ¿Es eso? ¿Ya te habías tocado? ¿dónde, en la piscina? hoy no había mucha gente, ¿qué ha pasado hoy? — Habían dos chicas… — Las suecas esas… sí, una tenía unos pechos enormes… —empecé con mis historias mientras lo masturbaba— una vez una amiga me enseñó sus tetas, eran más grandes que las de la sueca, eran ubres. Me dejó jugar con ellas, de broma. Intentaba abarcar una de ellas con las dos manos, no podía, luego la otra. La sostenía, pero se me escapaban y caían. Cuando vi que mi amiga se empezaba a poner colorada, dejé de jugar y me llevé el enorme pezón a la boca… — También vi a Ramón con la polla bien gorda mientras os miraba a ti y a las suecas, a la entrada del vestuario. Se estaba tocando —eso no me lo esperaba. — ¿No estaría mirando a Edith? — No, os miraba a las tres. Me puso muy cachondo pensar que papá y Ramón te follaban uno detrás de otro, o a la vez. — ¡Pero no me tiro a tu tío! — Me lo supongo, pero yo cogí un gran calentón, mamá. Me masturbé allí. Mirándote, bueno a ti y a las mujeres que había allí. — ¿Te tocaste así? —la polla estaba muy dura, y empecé a usar las dos manos—. ¿Y no te quedaste tranquilo? — Sí, pero luego ahí, entre vosotras… y pensando en la paja que me había hecho casi en público… me volví a excitar… mis amigos te miran mucho, mamá. Luego, cuando llegamos a casa y te pegaste a mí para la foto, no pude evitar tocarte, para sentir que nuestro secreto fue real. La polla me estaba volviendo loco y necesitaba descargar otra vez. Había dejado de masturbarlo. El pobre estaba muy salido, las hormonas no le dejaban pensar con claridad. Le di un beso en la mejilla. Me puse de rodillas frente a él y me llevé el bikini a la nariz. Esta vez olía a polla y coño. Busqué la zona más mojada de la tela y la lamí. Luego pasé la lengua por los dedos y empecé a masturbarlo con las manos desnudas y con más rapidez. No quería que se sintiera culpable por lo que sentía, así que tenía que hacerle ver que su deseo provenía de la lascivia su madre. Al fin y al cabo, yo inicié este problema. — Mami quiere oírte decir que es tu puta, cariño. — Eres mi puta, mamá. — Sí, cariño, lo soy. Por eso me gusta tanto tener tu polla entre mis manos… —intentó acercar la verga a mi boca, pero no le dejé. A cambio le conté una de mis historias— una vez Edith me dejó un vestido suyo de cuando tenía algo más peso. Me quedaba como un guante, y a cambio de hacerme los pechos más bonitos, resaltaba mucho mi culo. Me costaba mucho andar con él, pero me lo puse ese mismo día y nos fuimos los cuatro de copas. Edith y tu padre se fueron a bailar y me fui con Ramón a dar una vuelta por el jardín de la discoteca. Me habló del vestido. Me dijo que le había hecho el amor muchas veces a Edith con el vestido puesto, en otras palabras, que se le ponía dura en cuanto veía a Edith embutida en él —a la polla de mi hijo también le gustaba el relato—. Que me veía a mí puesto con él y que aún me sentaba mejor que a mi hermana. Que si la suerte que tenía Juan… — Es que estás muy buena, mamá —ya empezaba a jadear mi chico. — Me habló de un botón que estaba disimulado en el vestido y que yo creía que era de adorno. Estaba en la axila y dejé que lo desabrochara. Mi pecho salió por él. No llevaba sujetador, porque el vestido no lo necesitaba. Nos reímos. Pero colocarlo otra vez era más complicado, así que sólo pudimos hacerlo con Ramón sujetándome una teta y yo abrochando el botón. Tras un silencio, Ramón desabrochó otro botón que estaba al otro lado. Salió el otro pecho, y yo me quedé quieta, me había gustado antes cuando me tocó el pecho —la polla de mi Vicentito ya estaba a punto de regalarme su leche—, y esperé a que tu tío volviera a quitar el primer botón. Me estuvo sobando los pechos y me comió los pezones. ¿Te hubiese gustado ver cómo otro hombre le come las tetas a mamá? — Sí, sí, sí. — Me hubiera gustado que lo vieras, amor. Y que tú también me las hubieras comido. Yo me puse muy cachonda y me remangué el vestido, ofreciéndole mi trasero al tito, y me la metió bien dentro. — ¿Te la metió por el culo? —a mi niño le daba igual si la historia era real o inventada, tal era el calentón que tenía y que yo me estaba encargando de apagarlo. — Me la metió por el coño, amor mío. Me embestía muy duro, tenía la polla tan dura como la que tienes ahora, como la que tengo en mis manos. Las pollas tan grandes como las vuestras me vuelven muy puta, no puedo evitarlo. Casi me faltaba el aire del goce que tenía y él estaba como un toro cegado por el vestido —la polla de mi Vicentico estaba a puntito de caramelo—. En realidad, cuando le ofrecí mi trasero, tenía cierta fantasía de que me la metiera por el culo, en el jardín, a expensas de que nos viera alguien. Me puse de pie y me di la vuelta, subiendo la bata. Coloqué la polla de Eryk entre los glúteos, de forma que el rabo quedase a la altura de mi ano. — Córrete, amor mío. Córrete sobre mí. Déjame sentir el semen en mi culo. Eryk se empezó a masturbar con mi culo. El glande pasaba por el ojete de forma frenética. Algunas veces se quedaba enganchado, pero volvía al frotamiento. A pesar de la estimulación que estaba recibiendo en el ano, estaba sufriendo por si intentaba metérmela por alguno de mis agujeros, pues se la iba a sacar inmediatamente con malos modos. Sentí su leche por mi espalda y mi culo. Sin darme la vuelta, le cogí la verga y la puse entre mis muslos, a la altura del coño y dejé que se moviese como si me estuviese follando, dejando que terminase de descargar y, de camino,haciendo que su glande me frotase el clítoris. — Dámelo cariño, dáselo a mamá… tengo tu leche cayéndome por el culo, amor. Esperé a que terminara. Luego cogí una toalla que humedecí y le limpié bien la verga. Después me limpió él a mí. — Esto no puede ser, amor —le dije. — Pero me da el calentón… —le costó seguir— y luego tú te vuelves tan… tan… puta… Se me erizaron los pezones otra vez. — Pero comprendes que esto no puede volver a ocurrir, ¿verdad? — Sí, mamá. Salimos, y el resto de la jornada transcurrió tal cual. Pero me dejó con la preocupación de haber iniciado algo que el pobre no era capaz de gestionar, y también me sentía culpab
le con Juan. Si se enteraba, no iba a poder hacerle ver que todo era por Eryk.

La edad no importa, no existe la edad para saber que es un orgasmo, que se siente tener uno

No quería irme a la tumba sin cumplir dos de mis sueños más deseados, viuda de mi amado pero zafio y bruto Nicasio desde hace la friolera de doce años y a punto de cumplir los setenta me propuse llevar a cabo esa idea que me rondaba la cabeza desde hace meses y no era más que fumarme un porro y acostarme con un negro, pido disculpas si alguna persona de edad se siente avergonzada con mi lenguaje pero soy una mujer de campo venida a la ciudad que estudió lo justo y que para colmo nunca supo nada de la sexualidad y lo poco que he aprendido lo he hecho a través de lo que he descubierto por Internet porque si es por mi Nicasio yo me voy a la tumba sin saber que es tener un orgasmo, del mismo modo pido disculpas a todos aquellas personas de color que se pudieran sentir ofendidas pero no es mi intención faltarles; descubrí casi por casualidad que acariciarme a mi misma me llevaría a un goce del que no creía que existiese palabra para describirlo y a partir de ahí fue un no parar, casi podría decirse que era una jovenzuela en busca de pastor para que me cubriera y eso que estoy seca por dentro desde hace muchos años, lo que no quiere decir es que por el hecho de que haya nieve en lo alto del horno no significa que no haya brasas en el interior y vaya si las había, mmm.

Nuestras bocas se unieron mientras caíamos en la cama. No sé si su sexo sabía a cielo

Un internado de señoritas es el escenario del encuentro de los cuerpos adolescentes. Pero si se ven sorprendidas por una joven monja… Tras el jardín del colegio, en la oscuridad de la tarde, se ocultaban los bloques de edificios. El internado fue la solución que mamá estimó conveniente para que tuviera una educación disciplinada. Apenas salíamos a la calle y el tiempo libre que las monjas nos dejaban era muy poco para intentar ir a una discoteca o algo por el estilo. Sola en un internado. En una ciudad extraña. Sola con unas amigas que también estaban solas.

Y tuve mi primera vez con una experta en sexo, ella me complació de la mejor manera. Me hizo sentir cosas únicas y desde entonces no puedo dejar de hacerlo

Hola [email protected], que tal? Primero que todo empezare describiéndome para que tengan una idea de mi persona. Mi nombre es Carlos y soy de Venezuela, específicamente de un poblado del interior. Tengo 18 años de edad, mido 1,77mt, de tez morena clara, cabello negro y un poco grande de cuerpo debido a que en mi niñez sufrí de sobrepeso pero luego gracias a mi afición por el deporte pude convertir toda mi grasa corporal en un cuerpo algo tonificado haciendo referencia a alguien que va al gym y que tiene una rutina. Actualmente resido en la capital, Caracas, debido a que empecé mis estudios universitarios.

Hola mi nombre es Fernanda. Soy una chica de unos 19 años, pero siempre fui muy precoz, sobre todo en el sexo

Perdí la virginidad con mi tío, un hermano de mi padre quien fue mi primer maestro en lo que se refiere al sexo con el que aprendí muchas cosas. Claro que luego de mis primeras experiencias seguí practicando y aprendiendo cosas nuevas. En la época en que sucede esta historia una hermana de mi madre, la que vivía en el exterior, nos escribió una carta, diciéndonos que como tendría licencia en su trabajo al igual que su marido, y había podido ahorrar un poco de dinero nos vendría a visitar para pasar las fiestas con nosotros, pues hacía cinco años que no la veíamos. Todos nosotros en casa nos alegramos mucho de que nos pudiera visitar, además podríamos ver a mis primos y cuanto habían crecido, porque cuando se fueron, una niña y un varón tenían 8 y 10 años respectivamente. Llegaron el día previsto y mis padres junto conmigo (soy hija única) partimos hacia el aeropuerto para esperar su llegada. Enseguida distinguimos a mi tía apenas la vimos, poco después reconocimos a su esposo, pero a mis primos sino porque venían con ellos, casi no los reconocía. Victoria (mi primita) se había convertido en una bella mujercita, con un cuerpo muy bonito y bastante desarrollado para su edad, lo que se ve era de familia porque aunque quede mal que lo diga también yo tenía un cuerpo atractivo (y así pensaban los chicos con quienes salía, pues siempre intentaban manosearme y yo no me resistía a esas caricias), y mi primo (Jorge) era un muchacho, casi de mi misma altura y bastante guapo.

Un grupo de amigos que quiere saber quien manda, prueba algo nuevo y así es como descubren un placer nuevo y se produce una infidelidad consentida

(Inicio de una serie de cinco relatos. En este primer episdio no hay muchas escenas de sexo, pero irá aumentando en los siguientes. Contiene un poco de dominación y humillación publica, pero lo he colocado aquí porque creo que lo más importante son las escenas de infidelidad. Espero que os guste y agradeceria que pusierais vuestros comentarios)

Luego de suplicarle a mi novio que venga conmigo al gimnasio, comencé a ir y termine follando con un hombre que no me dejo en capaz hasta que le di lo que quería

Nota del autor: Es un relato que escribí hace mucho tiempo y que tiene algunos fallos. Lo resubo porque me lo han pedido, espero que os guste. Aprovecho este inciso para recomendar mi blog, donde subo todos mis relatos de manera actualizada (algunos de ellos no puedo subirlos a TodoRelatos), por lo que a quien le guste mi manera de escribir ya sabe que hay mucho más ^^